Cuando las cosas afectan demasiado

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Hace más de 30 años que acompaño a mujeres en el camino del desarrollo personal.  Un día, recibí una revelación que me hizo sentir como cayendo a tierra desde un quinto piso, quedando aturdida por largo rato. 

Pero antes de narrarles ese suceso, voy a contarles algo interesante:                                                                     

Cuando niña, escuché a una mujer campesina decir mientras hablaba con mamá: «yo tengo un corazón de peonia que pierde los pétalos con las tristezas de los demás».  Ciertamente con esa frase ella quería decir que percibía de manera muy intensa el dolor de cualquier persona.  Y en el pueblo la llamaban “la corazón de peonia”.                                                                                                                                              

Todas hemos conocido a mujeres similares.  A quienes por su híper emotividad se las ha catalogado como susceptibles o vulnerables.   

Con los años de trabajo de acompañamiento, fui comprendiendo poco a poco esa realidad.  Aprendí que ellas poseen una manera de percibir todo lo que sucede a su alrededor con profunda intensidad, no solo el sufrimiento o las dificultades, sino también lo agradable y alegre.  Son como esponjas.                                                      

Es como si las lágrimas vivieran siempre al borde de sus párpados, listas a salir en cualquier momento, incluso en situaciones para los demás insignificantes. Es vivir con las emociones a flor de piel. Al mismo tiempo, con una mente que piensa y repiensa en un sinfín de cosas, como queriendo analizar, comprender e ir más allá de lo que parece.                        

Es difícil vivir con esas y otras reacciones que exasperan a los más cercanos, puesto que no las comprenden. ¿Cuál será su consecuencia?  el sentirse como “bichos raros” hasta llegar a considerarse anormales, sin comprender por qué se es tan diferente. Tratar de adaptarse al medio no siempre funciona, y eso conduce a un gran sentimiento de soledad.         

Hoy sabemos que esas personas poseen una alta sensibilidad y que el 30% de la población presenta esta condición de híper sensibilidad. No todas reconocidas ni acompañadas adecuadamente para vivir su realidad. 

Sin embargo, no se trata de personas tristes, algunas son muy alegres, libres y entusiastas, solo que, se afectan por estímulos que no tienen importancia para los demás y pasan súbitamente a la tristeza, la angustia o el temor y viceversa.   Por ello se les ha catalogado de intensas,  dramáticas o inestables.                                                                                                                                      

No es una patología, ni una anomalía, es mas bien un temperamento.            Pero ¡aplaudamos esto!  ya que detrás de esa alta receptividad a los estímulos del entorno, existe una gran humanidad, un alto grado de empatía, y sobre todo grandes capacidades a desarrollar.                     

Se dice mucho que las personas altamente sensibles nacen así y que deben aprender a vivir con ello.  ¡Eso queridas, yo no me lo creo!  me las he jugado por probar lo contrario y he visto, con estos mismísimos ojos,  a mujeres híper sensibles, liberarse de muchas de sus manifestaciones perturbadoras, recuperando así equilibrio y paz.  

Ahora mi revelación… hace tiempo atrás, después de haber elaborado un test para medir la híper-sensibilidad, estaba muy concentrada, revisándolo punto por punto, cuando recibo un “flash”:  ¡yo tenia un temperamento de persona altamente sensible! o lo había tenido.   Ver esta realidad fue como sentirse en caída libre sin poder razonar por largo rato.                           

¡Había estudiado tanto sobre el tema, para acompañar a quienes venían por ayuda y, no me había visto concernida por ese temperamento!  Claro, yo había sido híper sensible, pero controlaba mi grado elevado de emotividad, lo que me permitió surfear en la vida.  Crecí creyendo que era una persona muy complicada.

Uno de mis hermanos, me decía medio en serio y medio en broma “tú tienes mas vueltas que un tornillo”.         Más tarde la formación para resolver estados emocionales difíciles me permitió liberarme de todas esas complicaciones, sin haber hecho el vínculo con la alta sensibilidad.                                                                                                

Saliendo del impacto de tal sacudida, empecé a tomar consciencia de tantas cosas de mi infancia, de mi adolescencia y de mi juventud.  De la misma forma, mi capacidad de comprensión, la empatía y el no enjuiciar.   Constaté también la riqueza interior que poseemos y al mismo tiempo la dificultad enorme para sacarla a luz.          

La condición de personas altamente sensibles se empezó a conocer a fines de la década de los 90, pero hay pocas y pocos especialistas en el tema,  ¡ y es una lástima! porque es una realidad que viven tanto hombres como mujeres en el mundo entero.                               

Cristie Léglise
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